viernes, 22 de enero de 2016

Desierto, monte...

Ayer escribía una "huella" sobre el desierto. Hoy la palaba de Dios, tiene como escena el monte. Dos lugares para la interioridad:

Ir al desierto
Subir al monte

Nos ponen en movimiento, nos sacan de nuestras comodidades. Porque ir al desierto lleva consigo una transformación interior, así le pasó a Marco en la novela de Aaraceli Vega. Y, subir al monte es abrirse a la trascendencia, pues el monte es la expresión de la cercanía de Dios y de las grandes revelaciones divinas.

Si tú que lees este blog decides ir al desierto o subir al monte tienes que tener presente que Jesús los lleva al monte y los llamó a una misión concreta.

¿Para qué los elige? ¿Para hacer cosas? ¿Para imbuirse en proyectos inagotables que los dejen exhaustos? Se nos escapa la doble finalidad de su elección: para que estén con él y para enviarlos a predicar.

Se está con él actuando y se actúa estando con el.



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