Mañana celebramos la solemnidad de San Benito de Nursia, un monje del siglo V- VI. Se le atribuye el lema: ora et labora, sin embargo no es de él, pero si contiene su espiritualidad. Por lo tanto os comparto en qué consiste para nosotras eso de orar y trabajar dentro de los muros de un monasterio. Utilizaré la experiencia de L. Quintana que lo escribe en su libro Una canción inesperada:
En la vida monástica tratamos de
ligar oración y trabajo. No concebimos el trabajo sin la oración y a la inversa.
Eso sí, cuando el trabajo se realiza con actitud orante, este pierde su aguijón.
No nos dejamos esclavizar por él. Es más, nos edifica, ponemos amor y nos
devuelve amor. Y, curiosamente, el amor puede ser inmensamente productivo.
-
¿Qué significa exactamente trabajar con
actitud orante?
-
La oración no es estar rezando el
rosario mientras conduces el tractor ¡eso puede ser un poco peligroso!, sino
estar plenamente presente, concentrada, sosegada y atenta, abierta a la tarea encomendada,
sin resistencias, saboreando la acción concreta. De pronto se establece una
comunión entre el objeto y tú, entre la tarea y tú, y en el marco de esa comunión
se suscita un diálogo. Te das cuenta de que no eres tú exactamente la hacedora,
sino que la actividad se hace a través de ti. No muchas veces tenemos ocasión
de percibir algo así (la mente se interpone casi siempre), pero si alguna vez
consigues captar esto, es suficiente para que vayas progresivamente ocupando un
estado, si me lo permites, mucho más humilde que lo que la mente sueña.
-
¿Y en qué medida ayuda este entorno para
vivir esa docilidad?
-
Lo que hacemos en el monasterio simple y
llanamente es entrenar la mente para que ocupe su lugar. Si, por ejemplo, suena
la campana para el oficio, dejamos lo que estamos haciendo y nos vamos a rezar.
¿Y qué sucede? Nada, Más tarde lo retomamos.
-
Pero yo veo que hay hermanas en la
capilla a las que les pasa lo que a mí: están repasando la contabilidad
mentalmente o el número de lechugas rizadas que hemos plantado.
-
El entorno ayuda, pero el trabajo lo
tienes que hacer tú. En mi caso, cuando tocan la campana sé que tengo cinco minutos
para bajar a la capilla. En lugar de apurar, voy caminando despacio, consciente
de mi respiración. Cuando llego a mi silla del coro, siento mi cuerpo, repaso
todas mis sensaciones físicas y me digo mentalmente: aquí. Poco a poco voy
entrando en el descanso, me siento relajada y mi mente se sosiega. Cuando
vuelvo al trabajo me encuentro refrescada y con una energía nueva y mucho más
focalizada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario